En la parte alta de la Cuesta de la Butrera, se encuentran los restos de la torre del telégrafo óptico de Tariego de Cerrato, una construcción singular que nos recuerda uno de los primeros sistemas de comunicación rápida de la historia española. Esta torre formó parte de la red telegráfica isabelina, creada durante la Segunda Guerra Carlista con el objetivo de transmitir con agilidad noticias sobre el frente del País Vasco hacia Madrid. Cada mensaje saltaba de una torre a otra mediante señales visuales, enlazando estaciones como las de Dueñas y Villamediana, perfectamente visibles desde Tariego.
La estructura de la torre presentaba planta cuadrada, con unos siete metros de lado, y alcanzaba los tres pisos de altura. Los dos niveles inferiores estaban construidos con sillería, mientras que las partes superiores se levantaban en ladrillo. En lo alto se situaba la plataforma del mecanismo óptico, un sistema de brazos móviles capaz de generar combinaciones que representaban mensajes codificados.
Aunque hoy solo podemos contemplar sus ruinas, su presencia sigue siendo imponente.
La torre, que a veces se ha confundido con antiguas estructuras defensivas, es en realidad un testimonio de un momento clave en el que Tariego de Cerrato participó en un avance tecnológico pionero. Su silueta continúa dominando la villa, recordando cómo este pequeño enclave del Cerrato llegó a formar parte de una de las redes de comunicación más innovadoras del siglo XIX.