De la primitiva iglesia de San Miguel Arcángel, construida en el siglo XIII en estilo gótico, solo se conserva la cabecera. Esto se debe a que buena parte del templo y de su contenido fueron destruidos por un voraz incendio, provocado por las antorchas empleadas para iluminar el velatorio de Felipe el Hermoso durante la estancia de su cortejo fúnebre en la villa.
Aunque tanto la reina Juana como el cadáver de su marido salieron indemnes del desastre, el fuego se cebó con la iglesia, causando daños valorados en 40 000 maravedíes.
El aspecto que hoy presenta el edificio se debe a una reconstrucción muy posterior, realizada ya en el siglo XVIII en estilo barroco, con un exterior sobrio y una decoración interior a base de yeserías.
En su interior se conservan varias piezas de gran interés, como los retablos barrocos situados en los lados del Evangelio y de la Epístola, entre los que destaca un Cristo del siglo XIII.