La iglesia de San Julián y Santa Basilisa es un edificio que combina la esencia del románico del siglo XII con la imagen renovada que le dio su reconstrucción en 1905.
Aunque el templo original quedó prácticamente destruido en 1833, dos elementos medievales consiguieron sobrevivir: los dos ábsides semicirculares de la cabecera y algunos restos del interior que nos permiten asomarnos al pasado románico de este lugar.
El ábside principal es el elemento más llamativo. Su estructura está dividida en varios paños y rematada por una banda de arquillos ciegos, una decoración muy típica del románico tardío. A pesar de la erosión, aún se distinguen capiteles vegetales, basas trabajadas y pequeñas columnillas que muestran el cuidado que se puso en su construcción. El ábside menor, más sencillo, sigue un esquema similar, mientras que en el espacio destinado al tercer ábside se levantó en el siglo XVI la torre que hoy domina la vista exterior.
El resto de la iglesia responde al estilo neorrománico propio de comienzos del siglo XX, con el uso combinado de piedra y ladrillo en ventanas y cornisas, lo que ayuda a integrar la parte moderna con la medieval.
En el interior encontramos una única nave cubierta por una armadura de madera y un crucero que da paso a los dos ábsides conservados. La bóveda gallonada del ábside mayor, dividida por nervios, es uno de los elementos más característicos. Cerca de la entrada se conserva también una pila bautismal del siglo XIII, uno de los bienes más antiguos del edificio.